Este artículo fue traído hoy a Crisis Energética, quizá valga la pena echarle un vistazo, a primera vista veo cosas "raras".
¿Alimentos caros es igual a más pobreza?
Francisco J. Mayorga*
Los titulares noticiosos internacionales de los últimos días se han enfocado en los altos precios de los alimentos. El Programa Mundial de Alimentos, el Banco Mundial y la CEPAL, entre otros, han hecho sonar una aguda alarma sobre el encarecimiento de los productos agropecuarios y su impacto sobre la pobreza alrededor del mundo.
Desafortunadamente, el análisis de los expertos internacionales ha sido parcial: solamente se han enfocado en uno de los aspectos del problema.
Ellos dicen que alimentos más caros significan un menor poder de compra para los pobres y, en consecuencia, una profundización de la pobreza. Esto es verdad, sobre todo para los pobres del sector urbano en muchos países del tercer mundo, y en especial para algunos países africanos donde las hambrunas han estado azotando por décadas.
Lo que olvidan los burócratas de la caridad internacional es que la mayoría de esos pobres emigraron a las ciudades por falta de oportunidades en el sector rural, y que sus países están en el tercer mundo precisamente porque ni siquiera han sido capaces de abastecer sus necesidades alimentarias básicas porque sus sectores agrícolas han permanecido postrados por muchas décadas de vacas flacas.
Me pregunto si la falta de oportunidades no viene ligada a la estructura de la propiedad de la tierra, heredera de las grandes haciendas del pasado, con poblaciones vinculadas y mantenidas en la precariedad. Estos países no creo que estén en el tercer mundo, son el tercer mundo, el mundo colonizado por las potencias coloniales occidentales cuando ya no pudieron extraer más riquezas a sus propios suelos. En cuanto a las muchas décadas de vacas flacas, ¿no cabría imaginar más bien que la producción agrícola como fuente de riqueza se vio relegada a un segundo o tercer nivel ante la producción industrial como fuente de riqueza? ¿y que las inversiones especulativas fueran a parar al primer nivel, generando una "riqueza" que un segundo o tercer nivel en el ranking inversor no podía igualar? El tercer mundo no ha dejado de exportar productos agrícolas consumidos en el primero, directamente o indirectamente (en forma de piensos), pero su riqueza comparativa ha disminuido.
Pero ahora que los precios agropecuarios pueden significar un aliento a la producción primaria y un alivio a las condiciones de extrema pobreza rural en los países pobres, la autocomplaciente burocracia de la filantropía se deshace en lágrimas y pide más millones para comprar alimentos y repartirlos caritativamente entre los millones de pobres a los que por décadas se les han dado el pescado pero no les han permitido conseguir una caña de pescar.
Bueno, si durante décadas "hemos" estado destruyendo los mercados locales, y hasta impulsado el abandono de la tierra por parte de los productores autosuficientes, es comprensible que las agencias internacionales de ayuda ahora reclamen ayuda para comprar alimentos y repartirlos, ahora que la estructura financiera y económico-monetaria está rematando lo que la economía llevaba matando lentamente.
La agricultura de los países pobres ha sido víctima de los subsidios que los países ricos han brindado por años a sus propios sectores agrícolas. Los subsidios que los gobiernos de Estados Unidos y Europa han dado a su producción agropecuaria se han repartido generosamente a dos manos: por un lado les subsidian los costos, y por el otro, han desarrollado mecanismos para comprar sus excedentes y luego regalarlos a los países del tercer mundo.
Los subsidios, pienso, que no iban tanto dirigidos a financiar los sectores agrícolas (aunque sí las grandes propiedades), sino más bien a aumentar las rentas de los productores agropecuarios, a fin de poder tener mercados más amplios para la industria y el comercio de productos de consumo, así como a fijar población rural a los territorios.
Los subsidios de los países ricos han venido sosteniendo una producción agrícola corporativa ineficiente y poco competitiva, que solamente han logrado producir voluminosos excedentes gracias a los subsidios.
Los excedentes voluminosos eran un subproducto no deseado de esas políticas de subsidios, aunque ciertamente inevitable.
Históricamente esos excedentes han sido comprados por el Programa Mundial de Alimentos y por diversas agencias de ayuda internacional para luego ser regalados a los países pobres. Y como ningún productor agrícola puede competir en un mercado donde hay comida regalada, la actividad agropecuaria de muchos países ha venido languideciendo, sin capacidad para capitalizarse o para generar empleos.
Lo dicho antes: se ha ido matando los mercados locales e impulsando el abandono de los productores autosuficientes. Sin embargo, el autor no piensa en términos de alimentos, sino en términos de empleo (es decir, capital invertido para generar "riqueza", sin que sepamos muy bien qué entender por tal).
Recientemente, en virtud del alza del petróleo, ha surgido una nueva demanda para el sector agrícola: los biocombustibles. Ahora la agricultura ya no solamente produce alimentos y fibras para la industria textil, sino que puede ser muy rentable produciendo energéticos.
Otra vez pensando en rentabilidades y no en alimentos.
Los países industrializados, viendo esta nueva realidad, decidieron comenzar a cambiar sus subsidios hacia la producción de biocombustibles. Ellos en realidad tampoco son competitivos en este nuevo rubro. Sus gigantescas corporaciones agropecuarias no sobreviven sin los subsidios.
Nicaragua no necesita subsidios para producir etanol a partir de la caña de azúcar, mucho menos para producir biodiesel a partir de la palma africana en las lluviosas tierras de la Costa Atlántica. Pero las transnacionales agropecuarias necesitan subsidiar el etanol que extraen del maíz o el biodiesel que extraen de la soya.
Cuando dice que Nicaragua no necesita subsidios para producir etanol, y sí las transnacionales agrupecuarias, no se entiende bien qué es lo que quiere decir. Al menos, yo no pillo el argumento.
Pero aún haciendo frente a una competencia internacional subsidiada, la agricultura tropical está disfrutando de una brisa refrescante. Miles de campesinos, pequeños y medianos productores están consiguiendo precios atractivos por sus productos, y eso está significando una inyección de recursos para el alivio a la pobreza rural, la más extrema y profunda de todas las pobrezas.
Eso de que miles de campesinos están consiguiendo precios atractivos por sus productos (se entiende que los destinados a la producción de biodiesel) me permito dudarlo. Imagino que les está aportando dólares o dinero, pero, ¿con ese dinero tendrán para comprar alimentos durante mucho tiempo? El dolar cada vez vale menos, y puede que en algún momento se desplome definitivamente. Por otra parte, imagino que estarán interviniendo en las operaciones o bien centrales de compra, o bien agentes financieros intermediarios. Porque es inverosímil que haya mercados locales de productos agrícolas para la producción de biodiesel. Y sin embargo, en este artículo son los grandes ausentes. También lo son en los discursos locales (españoles, valencianos) sobre la agricultura. Y sin embargo, cada día veo más contratos draconianos con condiciones leoninas con los que las grandes centrales de compra van sometiendo y dominando a los pequeños productores, vía cooperativas de primer o segundo nivel.
Más todavía, el alza de los commodities está significando una mayor actividad agro-exportadora y estimulando la actividad económica de estos países, de manera que también los sectores urbanos están disfrutando de esta brisa refrescante y los empleadores urbanos pueden mejorar los salarios de sus trabajadores, de modo que éstos pueden tener el dinero necesario para enfrentar el encarecimiento de los alimentos.
Ah, igual están apareciendo aquí los intermediarios. La mayor actividad agro-exportadora estimula la actividad económica de los países, especialmente de los sectores urbanos.
Por otra parte, los mayores ingresos de divisas generados por la ebullición agro-exportadora están ayudando a balancear los requerimientos de la asfixiante factura petrolera.
Finalmente, la producción de biocombustibles puede traducirse en un freno al voraz apetito de las transnacionales y los países productores del petróleo, cuyo precio ha estado rozando los 120 dólares por barril en estos días.
Aún no han salidos los ingentes insumos de derivados petrolíferos, tanto en forma de combustible para la maquinaria agrícola y el transporte de sus productos, como en forma de productos fitosanitarios y fertilizantes, que también se transportan y fabrican consumiendo combustibles, que consume la moderna actividad agrícola a escala industrial. Porque el aumento de esta factura incidirá igualmente en la producción agrícola para la elaboración de biodiesel. El que la maquinaria global sea pesada y haya tantas inercias que impidan una repercusión directa e inmediata del aumento de los precios del petróleo sobre la agricultura, no impide que finalmente se produzca la incidencia del mismo en la producción agrícola.
Muchos expertos internacionales hoy por hoy parecen voceros oficiosos de las petroleras, atacando los biocombustibles y olvidando que, sin fuentes alternativas de energía, el petróleo será mucho más caro cada día, y que una energía más cara se traducirá en mucho más pobreza alrededor del mundo. Ojalá que, además, logren abrir ese ojo con el que no han visto que el alza de los productos agropecuarios puede significar una disminución de la pobreza rural en muchos países.
Pienso, por todo lo expuesto, que ese alza sólo puede ser transitorio, y aún así puede que sólo sea un espejismo, por expresar una realidad en términos económico-monetarios.
El encarecimiento de los alimentos es sin duda una carga terrible para los trabajadores urbanos, pero los empleadores pueden y deben reaccionar mejorando los salarios de una manera acorde al alza del costo de la vida.
Aquí yo diría ya que desvaría, porque lo que está diciendo viene a ser renunciar a los márgenes de beneficio tradicionales y aumentar la participación en la "riqueza" generada por los trabajadores y empleados.
Pero los altos precios agropecuarios también representan una oportunidad para que los pobres de siempre, los campesinos y los pequeños productores del campo, tengan sus siete vacas gordas por primera vez en mucho tiempo.
Ya, todo sube, menos el precio de las vacas, por eso ahora pueden, teniendo más dinero, comprar más vacas. ¿Para qué hacen falta más vacas en Nicaragua? ¿Estamos hablando de autoproducción alimentaria? ¿O más bien de lanzar más leche a los mercados mundiales?
* El autor es economista. Este artículo resume algunos de los argumentos presentados en su reciente libro “Nicaragua 2010: El Futuro de la Economía”.
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