viernes 23 de febrero de 2007

¿NO tenemos un problema energético?

Me ha saltado a la vista la frasecita entre uno de los comentarios de estos días en la página central de CE, y se las trae. De acuerdo con que si no fueramos la mayoría unos "petroadictos" en lo privado, es decir, "abusones" del vehículo particular hasta para ir a comprar tabaco, y cada vez más "dependientes" psicológicamente de usos sociales tan absurdos como ir a pasar un fin de semana a cientos de kilómetros, sólo porque cada vez es más barato volar, a nivel global se podría ahorrar mucho petróleo.

Pero no es sólo eso, en mi opinión. Los empleos, que son los que proporcionan el dinero con el que subsistir dependen en gran parte del transporte: para comprar y traer productos y para vender otros. O para traer clientes (turistas). O para exportar vitamina C y otros nutrientes básicos a otros países con condiciones climáticas menos propicias a la agricultura intensiva. O para ofrecer productos o servicios a la gente que trabaja en esos sectores. Si el precio del transporte se dispara acabarán cerrando empresas. ¿De qué vivirá la gente? Por otra parte, gran parte del suelo fértil y más accesible ha sido sacrificado al ladrillo: segundas residencias, viviendas para el turismo, etc. De modo que si el precio de traer alimentos se vuelve prohibitivo no podremos echar mano de los productos de las tierras más fértiles y más accesibles, porque están selladas con cemento, hormigón y asfalto. Con lo cual la producción de muchos alimentos básicos seguramente se volverá mucho más costosa (=cara) de lo que es ahora ... eso sin considerar cómo van a poder ser adquiridos por desempleados, jubilados y cualquiera que ya no perciba un sueldo o salario.

El problema va mucho más allá de la energía. Vale. Depende de si estamos pensando en millones de barriles anuales o de si estamos pensando en cómo solucionar todos los problemas puntuales que un progresivo incremento del precio vinculado a una escasez creciente de "energía y materias primas baratas" acarrearán y que habrá que ir solucionando. Teniendo en cuenta que la única racionalidad que explica el diseño de nuestro mundo actual, tal como es en este momento, responde a la disponibilidad del petróleo barato durante una serie continuada de muchísimos años, que nunca ha considerado necesario planificar su devenir en función de los tiempos de "vacas flacas". No sólo eso, sino que ha incorporado la necesidad de crecer material y demográficamente a su forma de sobrevivir dentro del sistema económico. Y no me refiero a económico como "financiero" sino como forma de distribuir y asignar recursos de todo tipo.

Por eso, el problema quizá no sea energético en sentido estricto, pero si HAY UN PROBLEMA, que lo hay a muy corto plazo, es fundamentalmente debido a cómo se ha manejado y se sigue manejando el tema energético.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No creo que el diseño de nuestro mundo se deba racionalizar en ningún aspecto, el petróleo, es decir la energía barata solo ha sido un instrumento que la humanidad ha utilizado, para conseguir lo que más aprecia que es la seguridad, cuando lo máximo que podemos conseguir es evasión. La seguridad como tantas otras cosas es un constructo de la mente, una utopía inalcanzable,puesto que al final por mucho que nos empeñemos la realidad hace su aparición y pone las cosas en su sitio.

Un saludo, Ricardo

Marga V. dijo...

Bueno, son cuestiones diferentes. En un entorno de división del trabajo, en el que las decisiones no se toman colectivamente, es inevitable, en mi opinión, que exista un cierto diseño del entorno, y lo deseable, en tal caso, es que haya la máxima participación y que se rija por criterios de solidaridad, es decir, buscando el bien común.
Cosa que en nuestro entorno actual no se ha dado, por cuestiones de poder demasiado complejas para resumirlas en tres frases.

Y otra cosa es una dimensión psicológica como es la búsquedad de seguridad. Una búsqueda de seguridad que puede creer en soluciones mágicas, cuando la seguridad total es utopía, porque el azar, la enfermedad, la muerte, el dolor, ... son inherentes a la vida, y también a la vida humana. Y desdeñar la seguridad que pueden ofrecer los vínculos grupales por instituciones, mecanismos y máquinas construidos y diseñados por hombres guiados básicamente por el afán de lucro es, en mi opinión, un craso error que muchos acaban pagando caro.