He sacado de la biblioteca público un libro con este título, escrito en Inglaterra en 1969. Un libro de lo más interesante. Voy apuntándome citas en un cuaderno, porque a pesar de que a veces creo que el enfoque adolece un poco de optimismo sociológico, pienso que sus principales tesis siguen siendo muy válidas. Como aún no he acabado el libro, prefiero exponerlas más adelante, e ir presentando algunos ejemplos de la, a mi juicio, acertada visión y mirada de este economista llamado E. J. Mishan, originario de la Universidad de Chicago, pero que se trasladó a Londres en 1956.
El final de su prólogo podría, por ejemplo, encontrarse en cualquier texto que pudiéramos escribir desde AEREN:
"Abrigo la esperanza de que, una vez hayan terminado este libro, algunos lectores estarán persuadidos para contemplar el futuro con una menor complacencia que cuando empezaran a leerlo."
Interesante este comentario sobre la economía:
"Una economía puede compararse a un motor cuyo suave funcionamiento viene indicado por reguladores denominados "empleo", "estabilidad de precios" y "balanza de pago" ... Pero mantener el motor sin fallos no constituye un fin en sí mismo. Este motor mueve un vehículo, y la velocidad de éste, hasta cierto grado, y la dirección que tome, en grado mucho mayor ... es lo que realmente interesa."
O su visión sobre la formación de la opinión pública a través de los medios de difusión de información:
"... es más cierto que nunca que es la reiteración, y no el razonamiento, lo que influye en la actitud del público."
Cuando habla de las políticas de desarrollo, critica que "... la denominada política de desarrollo económico, como popularmente se la conoce, no es apenas nada más que una política de verse arrastrado por la corriente de - o de tratar de asir - cualquier innovación tecnológica que aparece como comercializable, con escaso respeto por las consecuencias sociales que ello pueda tener."
Y finalmente, copié todo un párrafo dedicado a lo que llama (o su traductor) "el mercado competitivo", y que sería lo que actualmente se denomina, obviando el término "mercado" simplemente como libre competencia. Dice:
"El mercado competitivo ha sido considerado durante largo tiempo por los economistas como un mecanismo barato para la asignación de bienes y servicios con tolerable eficiencia. Una vez se observa que la producción de "males" o efectos de rebosamiento nocivos [creo que es equivalente a las externalidades negativas] ha empezado de forma creciente a acompañar a la producción de bienes, quizá resulte justificado hablar de un serio fracaso del mecanismo de mercado. De hecho, este fracaso no debe atribuirse al propio mercado sino al marco legal dentro del cual actúa. En especial, debemos recordar que lo que constituye un coste para la empresa depende de la legislación existente. Si la ley aceptase la esclavitud, los costes de la mano de obra se reducirían a los costes implicados en la captura de un hombre y en mantenerlo al nivel de subsistencia".
Este último párrafo creo que resulta muy clarificador. Está de moda entre los políticos hablar del respeto al medio ambiente, y seguramente es por éso por lo que facilitan el traslado hacia países pobres de las industrias más contaminantes mediante todo tipo de facilidades y subvenciones, para así preservar esa competitividad añadida por el hecho de no tener que respetar ninguna normativa medioambiental. Por otro lado, si bien parece, leyendo la prensa, que nos enorgullecemos del mayor o menor grado de desarrollo del Estado de bienestar, luego resulta que desde la misma prensa se nos bombardea para que aceptemos reducciones de salarios para poder mantener la competitividad frente a otros países más atrasados, que dependen muchas veces de la cooperación internacional pública y privada para poder ofrecer a sus ciudadanos unos servicios esenciales mínimos.
El autor aventura una tesis para intentar comprender las razones del descuido, por parte de los economistas, de incluir en sus análisis estas externalidades negativas, o "rebosamientos nocivos" como los llama (o traduce el traductor). Comenta:
"Pero los principales males sociales .... características que sacuden los nervios y deterioran la salud, resultan difíciles de medir y de imputar a un único origen; lo cual evidentemente no constituye motivo suficiente para resignarse a ellos."
Hablando de las revistas críticas, como "Punch" o "The New Yorker" dice que están "... especializadas en sátira social .... Pero esto no resuelve el problema, puesto que, si algo consigue, esta crítica de la locura de la humanidad sirve para relajar la tensión social y hacer más llevadero lo que, de hecho, no debería tolerarse."
En fin ... seguiré en otra ocasión con comentarios sobre este libro.
domingo 14 de enero de 2007
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2 comentarios:
Me da a mí que no es la sátira, sino la tragedia, la que rebaja la tensión social. Lo trágico es que uno no pueda sobreponerse al destino -expresión de una naturaleza que abruma-, mientras que lo satírico lo inspiran los defectos de las personas... Y para poder unirse a la risa hay que haberse librado de ellos, o por lo menos, haberlos compensado.
Aunque claro, el señor que ha escrito el libro escribió en 1969, y mira cómo andamos.
A mí lo que más me impresiona del libro es que se escribió en 1969 en Inglaterra, por un señor economista americano procedente de la Universidad de Chicago y que llevaba ya más de diez años en Inglaterra. Es decir, que conocía bien EE.UU., y de hecho cita ejemplos americanos, y la época del boom de finales de sesenta y principios de los setenta en Centroeuropa, antes de que las crisis del 73 (caída del patrón oro, derrota en Vietnam, golpe de Estado en Chile, crisis del petróleo por supuesto) empezaran a despertar las alarmas en "algunos".
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